Inteligencia Artificial vs Inteligencia emocional (y 2)

Por medio de la inteligencia artificial vamos a seguir explicando cosas difíciles de comprender a través de la inteligencia natural.

En el post anterior (ver aquí) exponíamos un supuesto (basado en hechos absolutamente reales) e intentábamos entender por medio de los procesos de decisión de Markov lo que parecía una situación absurda analizada desde el punto de vista del sentido común. Hicimos la exposición general del caso y explicamos la conducta del supervisor de Calidad.

Nota previa

En la presente publicación hacemos referencia a dos post en los que partiendo de una situación inicial se hicieron cuatro simulaciones variando el nivel de los costos para comprobar cuál era la política óptima a seguir. Para ver el primero de esos post ‘hacer click’ aquí, y para el segundo aquí. En lo que sigue también haremos alguna consideración sobre el premio y el castigo que aparecen en ese caso, cosa que no tuvimos en cuenta en su momento. En cualquier caso los resultados de la simulación serán los mismos.

El supervisor de obra

Le ocurría muntatis muntandis lo mismo que al quality controller. Esta persona casualmente vivía muy cerca del taller que era nuestro principal subcontratista. Un día sí y el otro también iba directamente de su domicilio para allá, y al acabar su jornada de allí de vuelta a su domicilio. Me resultaba totalmente imposible sacarlo de ahí… estaba supervisando la fabricación y el pre montaje de las maquinitas todo el santo día. Cuando le requería para que cesase en su comportamiento se excusaba con un montón de malos supuestos y siempre con una sonrisa en sus labios pero sin hacerse eco de mis palabras. Yo me desesperaba. Indaguemos en los costes desde su punto de vista para entender su ‘política óptima’.

Llave fija

El hecho de vivir cerca del taller hacía que por una parte se ahorrara los desplazamientos a la oficina y por la otra se sacaba la parte correspondiente los 70 km de dietas que imputaba diariamente. Además en el taller era el rey… bueno, en realidad era el representante del rey, ‘la empresa’… y es que la organización que pagaba mi sueldo y el suyo era grande e importante. Le trataban muy bien, máxime cuando les estaba ahorrando los costes de un jefe de taller dado que esta persona lo coordinaba todo. Para nuestro subcontratista era genial, se quitaba responsabilidades de encima al mismo tiempo se ahorraban parte de un sueldo. Sus dueños eran personas agradecidas… y por supuesto correspondían a la dadivosa aportación de mi supervisor de obra en forma de comidas, atenciones y…

Su visión subjetiva a corto plazo coincidía con aquella que analizamos teníamos costes negativos en nuestra simulación. Siempre que no nos fuésemos del plazo de entrega cuanto más durase la obra mejor, cuanto más fuese por los locales de nuestro proveedor, mejor. Cuando se acercaba el compromiso de entrega los costes cambiaban y también su ‘política’. Ahora ya toca ser eficiente y dejar la versión moderna de la manta de Penélope para el próximo trabajo que se preste a ello.

Un jefe de proyecto realmente no tiene mando directo sobre este personal. Yo podía desgallitar para exponer lo incorrecto de su postura, pedir una mejor coordinación,  dejar claro que esa presencia continuada iba en contra de nuestros intereses, y  que era responsabilidad de los talleres hacer las cosas bien. Me daba mil excusas y sobre todo, repito, no me hacía ningún caso.

El jefe tampoco atiende mis súplicas

Mi siguiente recurso era quejarme de la situación a mi Jefe. No lograba que se conmiserase conmigo. 

Se dilapidaban horas productivas en viajes inútiles y en hacer unos trabajos que eran responsabilidad de nuestro subcontratista. Se estaba gastando dinero sin ninguna necesidad en viajes. Mi jefe, aunque de alguna forma parecía entender mis preocupaciones, finalmente se mostraba muy condescendiente con las corruptelas de estas personas.

Cara confusa

A mi me parecía kafkiano todo aquello. Mis desvelos por conseguir beneficios económicos para el proyecto y por ende para la empresa parecían luchar contra un banco de niebla. Si analizamos bien la situación y vemos los procesos de decisión de Markov todo tiene su lógica, por corrompida que esté.

Mi jefe era una persona honesta como muy pocas he conocido dentro del mundo laboral. ¿por qué permitía todo eso y no se ponía de mi lado? Analicemos su punto de vista sobre los costes:

Hay que tener en cuenta que de aquella no teníamos mucho trabajo, ergo, si esta gente no perdía el tiempo en la forma que lo hacían alguien tendría que proporcionarles tareas alternativas, y no había mucha gente a la que mirar. Para mi jefe el coste de oportunidad de las horas de esas personas era casi nulo. ¿Y qué ocurre con las dietas? Hemos comentado que era un proyecto de cientos de millones de pesetas (más de dos millones de euros) realmente estos gastos superfluos afeaban un poco pero no arruinaban el resultado económico final del proyecto. Cuando me hice cargo del mismo tenía unas pérdidas considerables, pero llegados a este momento estas ya se habían recuperado e inclusive comenzaba a existir una pequeña mejora sobre el resultado inicial previsto. Unos cuantos miles de pesetas no era un costo muy relevante.

Existía otra circunstancia adicional: yo nunca había dirigido un proyecto de ventiladores industriales. Son máquinas complicada y si las cosas no se hacen bien durante la fabricación en la puesta en marcha pueden llegar a ser inclusive peligrosas. Sólo hay que imaginar un eje con un peso de varias toneladas girando a 1.500 r.p.m. ¡¡No es tontería!! Los supervisores de calidad y montaje ya habían hecho muchos trabajos anteriormente en proyectos similares y supuestamente su celo nos cubría frente a los supuesto peligros ignotos vinculados a estos aparatos.

Mi jefe tenía pánico a cualquier problema. La casilla del ‘valle de la muerte’ la tenía sobrevalorada. Por el contrario los costos los percibía muy bajos. ¿cuál era la política adecuada en ese caso? Ya lo vimos en nuestra simulación: huir como sea de la casilla peligrosa, aunque eso suponga deambular por el tablero mucho tiempo. Se sentía más cómodo con la política que usaban los supervisores que con la que yo proponía.

¿Cómo arriesgarse a meter en cintura a sus subordinados abusones? ¿Y si al final la razón estaba de su parte y no de la mía?

Cómo lo vive el Jefe de Proyecto (o sea, yo)

Veamos ahora cómo encaja mi punto de vista dentro de los procesos de decisión de Markov.

Yo con ese proyecto estaba muy crecido. Lo había cogido en una situación económicamente ruinosa y con los plazos de entrega descontrolados y ahora tanto los unos como los otros iban por buen camino. Respecto al tema técnico había mucha documentación del tecnólogo y además mi jefe tenía un profundo conocimiento técnico de este producto. Ítem más, era una persona muy colaborativa y siempre estaba presto a dejar de un lado sus obligaciones para darme una buena charla formativa. Desde el punto de vista técnico tampoco tenía nada por lo que preocuparme.

Cara de enfado

Mis costes: yo valoraba mucho el premio de presentar un proyecto con beneficios por lo que mi premio lo percibía elevado. Por otra parte no estaba especialmente preocupado con los problemas que pudiesen surgir. En la mayoría de los casos sería la responsabilidad directa de terceros y yo sabía bien cómo lidiar con los proveedores. Inclusive, y en el caso que la responsabilidad fuese nuestra, con el colchón económico que se estaba formando no parecía temible el tener que afrontarlos.

Mis costes de operación aunque no eran exagerados tampoco yo no los veía tan nimios como mi jefe. Para mí los costes de cada movimiento eran de un nivel ‘normal’.

La política óptima indica que hay que ir hacia el objetivo en el mínimo número de pasos posible. Con el mínimo número de horas productivas, con los mínimos gastos en viajes y dietas.

Desenlace

Como podemos colegir, decisiones que pueden parecer absurdas no lo son tanto cuando se explican usando algoritmos de Inteligencia Artificial y se afinan los parámetros del mismo. Son unas técnicas que a veces explican mejor las cosas que la muy humana inteligencia emocional.

Alguno se estará preguntando cómo acabó aquel proyecto. La respuesta es que no lo sé, me marché de la empresa cuando iba a comenzar la fase de montaje en obra y la subsiguiente puesta en marcha. Por las pocas noticias que me llegaron al respecto no surgió ningún problema grave, y el colchón económico que le dejé a mi sucesor cubría suficientemente todos estas ‘políticas’ aparentemente herejes.

Mi jefe murió hace dos años. A pesar de este episodio yo le tenía en mucha estima. Sentí mucho su fallecimiento. A él le dedico este post.

Javier Gonzalez